lunes, 12 de mayo de 2014

Me choca la gente que no da la cara - Anónimo.

Extrañar lo que ya no existe

¿Peor o mejor?

Es como si murió

No es como si se fue y aún existe

También tiene que ver con la esperanza

lunes, 5 de mayo de 2014

Procesos mentales

Hoy soñé en el camino que me querías, que venías a mi y me decías: "Cómo crees, no podré estar sin ti. Cómo podría estar sin ti si ya sé que existes. Y las cosas que hago cada día cómo no disfrutarlas contigo".

Pero soñaba sin dormir. Mi sien derecha vibraba humedeciendo de sudor la ventana del autobús. Sabía que no era posible nada de eso, como el resto de mis imposibles, pero decidí dibujarlo en mi imaginación. Lo coloreé con los más bonitos matices. Colores vibrantes, brillantes, alegres. Fue un veloz placer. Me agarró in fraganti el muchacho que recogía las maletas cuando preguntó a cuál parada llegaría. Y yo respondí que en cualquiera serviría, visto que cualquiera rompería súbitamente esa alegría.

Soñé sin dormir, estaba claro que sólo hacía uso conveniente y fructífero de la capacidad con la cual nos dotaron para imaginar. ¡Ah! la imaginación...

Y al poner un pie en el asfalto sonreí con esa risa demente,  la que muchas veces he descubierto en los locos que nadie quiere, sin abandonarla al caminar.




jueves, 1 de mayo de 2014

Agua

Recogiendo lo que la gente regala

CARTA A UN HIJO

“Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor.

Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.

Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te levanté por el cabello y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato.

Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mi tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal.

Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado.

Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos; que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mi te indiqué que caminaras erguido.

Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa.

A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto.

Al poco rato mi ira comenzó a apagarse.

Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?

Luego escuché unos golpecitos en la puerta. ‘Adelante’... dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación.

Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir? ... ¿vienes a despedirte?

No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente.

Te abracé..... y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito.

Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla.

Sentí que mi alma se quebrantaba.

'Hasta mañana papito' me dijiste.

¿Qué es lo que estaba haciendo?

¿Por qué me desesperaba tan fácilmente?

Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual.

Tu tenías unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobretodo, sabias demostrar amor.

¿Por qué me costaba tanto trabajo?,

¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado?

¿Qué es lo que me estaba aburriendo?

Yo también fui niño.

¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?

Después de un rato entré a tu habitación y encendí con cuidado una lámpara.

Dormías profundamente.

Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé.

Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce.

No pude contener el sollozo y cerré los ojos.

Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste.

Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio.

Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación........

Algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida.”

miércoles, 30 de abril de 2014

El derecho del hombre es infinito

Podemos tomar cualquier decisión. Lo difícil es afrontar el resto de la vida, sus consecuencias inesperadas.
Esto es irrefutable

Debe existir otra vida antes y luego de ésta; Yo creo que allí se dan las próximas oportunidades.
Esto es sólo una idea

El arrepentimiento no sirve de nada, es sólo la conciencia haciendo su trabajo
Esto es algo que estoy por verificar

El amor es la vía más sublime por la cual se llega a ser inmensamente feliz y por la que podemos sentir la tristeza con la misma intensidad que esa felicidad
Esto es la conclusión que tengo sobre el amor ahora que soy adulta


Todo esto lo dice Karla y sus tres M.

Dos corazones y cuatro ojos. Tanto en mí

Esto es el relato de un día cualquiera de mi tiempo embarazada. Era un lugar caluroso en la carretera que lleva a Ciudad Bolívar desde oriente del país. Destino no tan grato, destino con una madre moribunda con cáncer. Esta era la razón del viaje.

 Papá con cámara, mamá con nauseas. 

No sé que hacer con ellas, porque eso de portaretratos ya pasó de moda. Y la verdad quedaron lindas, no porque salgo yo en todas las fotos, sino porque Salvador me hacia llorar de nauseas y vómitos y aun así yo le sacaba sonrisas para las fotos -y él a mí-. A pesar del destino.

¿Será la alegría? A pesar de las penas.