lunes, 16 de febrero de 2015

Dedicatoria especial. Las mamis que tuvieron hijos solas


El por qué de las enfermedades y problemas emocionales en las personas debe responderse desde el vientre materno. Los niños no deseados, los niños no esperados, las madres tristes.


El feto puede detectar si el padre se acerca a la madre con amor y respeto
El vínculo con el bebé empieza durante la gestación: mientras está en el vientre materno, siente, percibe y desarrolla funciones muy importantes. El estado anímico de la madre, el ambiente e incluso los sonidos que le llegan del exterior empiezan a constituir su mundo emocional y condicionarán su manera de salir al mundo y relacionarse con él..
Después de 8 o 10 semanas el embrión se convierte en feto; en adelante, su desarrollo se caracteriza por la interacción de su cuerpo con el de su madre. Una interacción importante se establece con el corazón de la madre.

Según algunos estudios recientes, las ondas electromagnéticas del corazón de un adulto se pueden medir hasta tres metros alrededor de su cuerpo, de modo que si el padre se acerca con amor y respeto al cuerpo de la madre, él también entra en resonancia con el corazón de su hijo. También se ha podido observar que el feto se inclina hacia la mano de la madre y el padre cuando ellos tocan el vientre.

En torno al cuarto mes de gestación, el feto diferencia la voz de la madre a través de su columna vertebral y su pelvis. Más adelante todo su cuerpo vibra de manera propia con cada fonema que escucha, promoviendo la capacidad motriz necesaria para cuando aprenda a hablar.
La voz del padre le llama mucho la atención; todo su cuerpo se inclina hacia él para oírle mejor.

Preparándose para el futuro
En el vientre de la madre, el feto combina su crecimiento con la actividad de sus facultades futuras. Por ejemplo, su cabeza se arrima a la placenta, y se mueve para tocar las paredes del útero, al tiempo que activa el sentido del tacto en su piel, el área más amplia de sus sentidos.

Muy pronto, el feto siente los movimientos de su boca succionando. Así se despierta su sentido del gusto, lo que le servirá para reconocer a su madre después de nacer, cuando succione su pecho. El sentido del olfato todavía está interconectado con el del gusto.
A partir del quinto o sexto mes, el feto ya distingue la voz de su madre. Alza la cabeza y presta atención cuando ella habla. Todas sus interacciones están conectadas con el dolor y el placer. Por ejemplo, el feto se asusta ante ruidos fuertes y muestra bienestar ante sonidos agradables.

Experiencias intrauterinas
Si la madre rechaza a su hijo, o si su vida está cargada de tensiones, iras y miedos, al niño en su vientre no le queda más remedio que protegerse y bloquear su hambre de vivencias novedosas, en lugar de aventurarse a hacer muchas conexiones que, más adelante, le servirán a la hora de buscar su propio camino.
Está comprobado que las malas experiencias intrauterinas limitan la espontaneidad y empujan al niño a adaptarse a las exigencias y distracciones que vienen desde fuera. Hasta pueden conducir a la hiperactividad y la falta de autocontrol, que causan nuevo estrés en su entorno, y que sea rechazado.

En cambio las experiencias positivas favorecen el desarrollo del vínculo entre madre e hijo –y también con el padre–; vínculo que crece y, con los años, se hace cada vez más amplio y flexible, y le da al niño la seguridad suficiente para aventurarse en vivencias nuevas.
Alrededor de los nueve meses de gestación, el feto se prepara para su viaje exterior.



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